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Como nosotros, las abejas aprenden lo que ven hacer a otras y lo mejoran
Un abejorro vuela hacia una flor para obtener néctar - ABC

Como nosotros, las abejas aprenden lo que ven hacer a otras y lo mejoran

  • Un estudio sugiere que los comportamientos totalmente nuevos pueden surgir con relativa rapidez en especies cuyo estilo de vida exige habilidades avanzadas
PILAR QUIJADA

La abeja Maya nos mostraba una visión muy humana de una colemna, cuyos habitantes tenían preocupaciones y problemas parecidos a los nuestros. Y también utilizaban formas parecidas para resolverlos.

Fotgrama de la película "La abeja Maya"

Fotograma de la película “La abeja Maya”- ABC

Sin llegar a esos extremos, puede que el mundo de las abejas sea mucho más complejo de lo que pensamos. Un trabajo publicado en Science, sostiene que los abejorros demuestran tener “flexibilidad mental” al mejorar comportamientos complejos que observan en sus congéneres, como el uso de herramientas. 

Una prueba más de que nuestras refinadas capacidades cognitivas han ido perfeccionándose en otras especies animales a lo largo de la evolución. Igual que nosotros aprendemos por observación de los que hacen otras personas, los abejorros parecen prestar atención a lo que hacen otros miembros de su especie y a las consecuencias que eso tiene. Después repiten lo que ven y pueden mejorarlo.

Así, los abejorros pueden aprender a usar una nueva herramienta para obtener una recompensa. Según este trabajo de Science, las abejas tienen capacidad para aprender a resolver problemas complejos, dirigidos a un objetivo, observando a otras, e incluso pueden mejorar la forma en que otras abejas los resuelven. Esta capacidad, que se había considerado hasta ahora exclusiva de primates, mamíferos marinos y aves, se extiende con este estudio también a los invertebrados.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores han trabajado con abejorros, que pertenecen a la misma familia de las abejas. Este grupo incluyen no sólo a la abeja melífera o doméstica, que es la más conocida, sino también a las abejas sin aguijón, las de las orquídeas, algunas parásitas, los abejorros y abejorros carpinteros además de otros grupos menos conocidos.

En el estudio, entrenaron a abejorros para que movieran una bola amarilla desde el borde de una plataforma hacia el centro, con el fin de acceder a una solución azucarada como recompensa. Utilizaron abejorros de plástico para mostrar a los de verdad cómo debían hacerlo. Una vez entrenados, todos los abejorros lograron mover sus bolas hacia el centro de la plataforma para acceder al azúcar.

Después de esta fase de entrenamiento, dividieron a los abejorros en tres grupos. En el primer grupo, denominado social, los ejemplarse entrenados movieron la pelota a la vista de otros abejorros novatos. En un segundo grupo, denominado “demostración fantasma“, era un imán el que desplazaba la pelota hasta el centro; de ahí lo de fantasma, porque parecía moverse sola. Y en el tercer grupo, la pelota se colocó directamente en su lugar.

Los aprendices superan a sus maestros

Lo que encontraron fue que los abejorros que observaron la demostración de la técnica de un modelo vivo (otro abejorro previamente entrenado) aprendían de forma más eficiente que los abejorros que vieron la demostración fantasma, en la que la bola se movía por medio de un imán). Y obviamente lo hicieron mejor que aquellos que no habían recibido una demostración de lo que tenían que hacer.

Y hay más. Los que aprendieron por observación de otros abejorros, en lugar de copiar al pie de la letra lo que habían visto, resolvieron la tarea más eficientemente, utilizando la bola situada más cerca del objetivo, incluso aunque fuera de un color diferente al de la demostración.

“Tal flexibilidad cognitiva sin precedentes sugiere que los comportamientos totalmente nuevos podrían surgir con relativa rapidez en especies cuyo estilo de vida exige habilidades avanzadas de aprendizaje, si surgen presiones ambientales que lo demanden”, explican los investigadores.

La observación de una pelota en movimiento fue suficiente para que los abejorros resolvieran la tarea novedosa que se les planteaba para obtener alimento (demandas o presiones ambientales). Y los abejorros que observaron previamente cómo lo hacían otros fueron directamente a las bolas más cercanas al punto dónde debían colocarlas, cuando les ponían más de una.

En otro experimento, donde pusieron una bola de color diferente a la que habían visto en la demostración, también la llevaron al punto requerido para obtener la recompensa azucarada. Lo que indica que no se limitaron a copiar el comportamiento que habían visto antes en otro abejorro, sino que tuvieron la flexibilidad cognitiva para generalizar lo observado centrándose en el objetivo: colocar la pelota en el punto requerido.

Para ello fueron capaces de seguir una ruta mejor a la que observaron en la demostración para llegar al centro (cuando había varias pelotas). Y fueron capaces de inferir que podrían obtener la recompensa independientemente del color de bola, si la colocaban en su lugar.

 

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